Miguel y el erizo

Miguel y su nuevo amigo el erizo

Todo empezó a primeros de Diciembre. Hablando con un amigo se me ocurrió que podíamos hacer una acampada para ver una lluia de estrellas. Buscando por google descubro que hay una dentro de una semana, así que queda todo planeado.

El mismo día de la acampada, una ola de frío se instala en todo el levante español, dejándonos con lluvias por toda la zona, y nuestros planes, pasados por agua. Cabe decir, que tenía previsto echar fotos de la lluvia de estrellas, por lo que tenía todo el equipo preparado (cámara de fotos, linterna, trípode...), así que dos días después del "día de la acampada" y en vista del magnífico cielo, sin una sola nube, me dispongo a retomar la "expedición" con el fin de al menos tomar algunas fotos, y aprovechar el equipo preparado.

Miércoles, 15 de Diciembre de 2009

Salimos de casa entonces mi hermano Miguel y yo, abrigados hasta el infinito, con todo preparado para pasar un par de horas de frío, y con un poco de suerte, conseguir alguna foto interesante del cielo. Llegando a Islas Menores (cerca de La Manga), lugar que elegimos por tener allí nuestra casa de veraneo, nos encontramos, en medio de la calzada, algo, semejante a una piedra, de unos 15 cm.

Al pasarlo noto algo raro, por lo que paro el coche, y nos acercamos, y cuando enciendo la linterna, descubrimos que no se trata de una piedra, sino de un erizo, aparentemente muerto! Nos miramos mi hermano y yo, y poseídos por un extraño e irracional sentimiento, volvemos corriendo al coche, y nos alejamos de allí.

Primera impresión

Primera impresión que nos llevamos del bicho

La sesión de fotos ha sido bastante flojilla, a la 4ª o 5ª foto descubro un problema en la montura de la cámara, así que desmontamos el equipo, pensando ya en volver a casita. A la vuelta no puedo resistir la tentación, y volvemos a pasar por la calle del erizo. Nos acercamos con cautela, linterna en mano, y al observarlo, cuál es nuestra sorpresa al comprobar que respira! Decidimos sacarlo de la carretera, dejándolo en un matorral cercano, donde le sea más fácil refugiarse, sin dejar de pensar en la asombrosa suerte que ha tenido el erizo, pues desde nuestra llegada, habían pasado por esa carretera unos 6 o 7 coches.

Finalmente, lo que prometía ser una noche normalilla, ha resultado mucho más interesante y anecdótica. Ya he arreglado el problema de la montura, por lo que el próximo día de buen tiempo volveré para gastar el carrete de fotos.

Ya os contaré...